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EL GRAN PROBLEMA DE LA FIEBRE INTELIGENCIA ARTIFICIAL

¿Estamos sobrerreaccionando con la Inteligencia Artificial?

Sin lugar a dudas la Inteligencia Artificial (IA) es una de las innovaciones más importantes de los últimos años. Desde los modelos generativos que son capaces de escribir novelas, blogs mucho mejor estructurados que éste que escribe su humilde servidor  o generar imágenes hiperrealistas, hasta los asistentes conversacionales que redactan correos mejor que muchos humanos, la IA ha llegado para quedarse. Pero, ¿no estamos llevando esto demasiado lejos?

La IA hasta en la sopa

En los últimos meses, tengo la impresión de que no existe industria, tarea u objeto que no deba o pueda estar “potenciado por IA”. ¿Una tostadora? Mejor si tiene IA para que aprenda el grado de tostado que prefiero. ¿Un ecommerce? Debe si o si incluir a la IA para poder predecir hasta lo que aún no sé que quiero comprar, de lo contrarío no está a la altura. ¿Tu currículum? ¿Tu reporte de resultados? ¿La tarea de tus hijos? Todo tiene que incluir a la IA aunque sea de ladito.

Y no estoy tratando de negar la utilidad o la innovación, es más, en mi día a día dentro de Havas Market la involucro en diversas actividades, algunas más repetitivas que son más para “calidad de vida” que otra cosa, hasta otras medianamente más complejas que pueden ahorrarme además de tiempo, bastante esfuerzo.

Pero la narrativa actual de que la IA debe integrarse en absolutamente todo comienza a parecer más una estrategia de marketing, un intento de ser parte de lo que “es cool”, que una necesidad tecnológica real.

De algoritmos a “IA”: ¿qué tanto ha cambiado?

Hablemos por ejemplo del ecosistema del ecommerce. Hoy, muchas plataformas presumen usar la IA para personalizar recomendaciones, predecir comportamientos de compra o ajustar precios en tiempo real. Suena impresionante, rimbombante, actual y sobre todo cool… hasta que recordamos que todo eso ya lo hacían los algoritmos desde hace años.

Y todo el tema de la “hiperpersonalización” basada en la navegación de cada usuario, o las recomendaciones de productos de forma contextual con base en lo que el usuario ha visto o con lo que interactuado, no siempre funcionan como siempre tan bien como nos lo venden y sobre todo, no siempre es necesario incluirlo porque los algoritmo ya lo hacían y funcionaban bastante bien.

¿Serías capaz de identificar si tu recomendación fue generada por un algoritmo o por una IA?

Claro, la IA generativa ha traído mejoras (como los asistentes, bien implementados, que son capaces de hacer recomendaciones y/o responder preguntas de forma natural como lo haría un vendedor en la tienda física), pero en muchos casos, estamos viendo más una evolución de lo existente que una disrupción total.

Y me veo en la necesidad de hacer una aclaración importante, sé que marcas o empresas gigantes han logrado implementar soluciones de IA que se han logrado éxito como Amazon, que atribuye aproximadamente el 35% de sus ventas a su motor de recomendaciones, que utiliza IA para sugerir productos basados en el comportamiento del usuario.

¿Es útil? Sí. ¿Es revolucionario? No siempre.

Una visión más contenida

Este no es un manifiesto anti-IA. Todo lo contrario: la IA tiene aplicaciones asombrosas y un potencial transformador gigantesco. Pero es importante mantener una visión crítica y no dejarnos arrastrar por la ola del hype.

No todo lo que brilla es IA, y no toda IA es necesaria.

La verdadera revolución de la IA vendrá cuando logremos distinguir entre innovación con sentido y aplicación forzada. Cuando usemos la IA no solo porque podemos, sino porque realmente aporta valor.

Cuando esa delgada entre ayudar a una experiencia sin fricciones para los compradores de nuestra marca y el “FOMO” por incluir a la IA en nuestros sitios porque es la novedad, logre quedar clara y obtebgamos resultados y acciones mejor enfocadas a las verdaderas áreas de oportunidad que podemos tener. No olvidemos, que muchas veces la inteligencia artificial es más benefica “tras bambalinas”, ayudando a gestionar órdenes o proyectar de mejor manera los inventarios.

¿Y ahora qué?

Como orgulloso miembro de la generación de los memes, me permito citar el siguiente: “Vamo´ a calmarno”. Debemos cuestionarnos y reflexionar sobre cómo y dónde implementamos la IA. No todo necesita IA, y su uso indiscriminado puede llevar a soluciones innecesariamente complejas o incluso contraproducentes.

¿Estamos intentando usar un martillo para arreglar algo que sólo necesitaba un desarmador?

El futuro de la IA en el ecommerce es prometedor, pero debe abordarse con sentido crítico y estratégico. A veces, menos es más, incluso en el mundo de la inteligencia artificial.

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